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El central argentino, en números: las batallas según la categoría

  • Foto del escritor: Dannwolf Calvin
    Dannwolf Calvin
  • 16 dic 2025
  • 5 Min. de lectura

Terminó la temporada y, con el pasto descansando, aparece una ventaja: el fútbol deja de gritar resultados y permite escuchar patrones. En Argentina, cada división tiene su clima propio (cancha, viaje, ritmo, presión, apuro), el defensor central funciona como un sismógrafo: registra la intensidad del partido, el estilo dominante y la salud del sistema.


Con esa idea armamos una comparativa con todos los defensores centrales de las competencias del país, midiendo su rendimiento por 90 minutos: Liga Profesional (1ª), Primera Nacional (2ª), B Metropolitana (3ª), Federal A (3ª interior) y Liga Proyección, donde tomamos solo jugadores Sub 23.


No buscamos “quién es mejor”. Buscamos responder una pregunta más útil: ¿Qué exige cada liga al puesto?


Trabajamos con promedios de liga por posición (defensores centrales) y los siguientes indicadores:


  • Acciones defensivas/90 y duelos defensivos/90 (volumen de intervención)


  • Porcentaje de duelos defensivos ganados (eficacia)


  • Duelos aéreos/90 y porcentaje de ganados (dominio en el aire)


  • Intercepciones/90 (lectura y anticipación)


  • Pases/90, precisión total y segmentada: hacia adelante, laterales y largos


La foto es clara: cómo es el fútbol que le toca jugar al central promedio en cada categoría.


Hallazgo 1: cuanto más abajo, más trabajo defensivo.


El volumen defensivo sube al bajar de nivel. La Liga Profesional promedia 8,97 acciones defensivas/90 y 5,52 duelos defensivos/90. En Federal A esos valores trepan (9,66 acciones y 6,14 duelos), y en Proyección Sub 23 el central promedio llega a 10,16 acciones y 7,03 duelos.


La lectura no es “en el ascenso se defiende mejor”, es: “se defiende más”. Y defender más suele ser síntoma de partidos con más transiciones, más segundas pelotas, más ataques directos, más pérdidas por errores no forzados.


Un central de categorías inferiores vive más tiempo “apagando incendios” que administrando ventajas. El volumen alto es un dato de contexto.


Hallazgo 2: la eficacia en el duelo cambia poco; lo que cambia es el contexto.


El porcentaje de duelos defensivos ganados es estable: alrededor del 70–72% en todas las ligas. Es decir: el central promedio, en cualquier categoría, gana siete de cada diez. Lo que sí se mueve es la cantidad de duelos. No es lo mismo sostener ese porcentaje:


Con 5,5 duelos/90 (Liga Profesional),


Que con 7 duelos/90 (Proyección Sub 23),


O con 6,1 duelos/90 (Federal A).


Ahí aparece una idea central para el análisis: la categoría no “mejora” la tasa, pero sí sube el costo del error. A más duelos, más momentos donde una mala decisión te deja expuesto.


Hallazgo 3: el juego aéreo es el idioma común.


En duelos aéreos, la foto es parecida:


  • Liga Profesional: 4,75 aéreos/90, con 58,23% ganados


  • Federal A: 4,59 aéreos/90, con 58,68% ganados


  • Proyección Sub 23: 3,47 aéreos/90, con 58,9% ganados


El porcentaje se mantiene (58–59%); el volumen cambia. Esto dice mucho del diseño de cada competencia: hay ligas donde el central está más tiempo discutiendo el aire, y otras donde el juego se cocina por abajo. Proyección (Sub 23) tiene menos duelos aéreos por partido. No necesariamente porque “se cabecee menos”, sino porque se intenta construir más y porque el ritmo y/o estructura de los partidos suele favorecer secuencias de pase.


Hallazgo 4: la gran frontera entre categorías no es defender, es jugar


Si el puesto se parte en dos mitades (defender y jugar), el salto grande está en la segunda categoria.


En pases/90:


  • Liga Profesional: 35,77


  • Primera Nacional: 29,77


  • B Metro: 28,5


  • Federal A: 28,68


  • Proyección Sub 23: 36,56


Y en precisión total:


  • Liga Profesional: 81,38%


  • Nacional: 75,15%


  • B Metro: 72,25%


  • Federal A: 71,71%


  • Proyección: 79,02%


No es solo “técnica”. Es estructura. Para que el central pase bien necesita: apoyos claros (mediocentro, lateral, arquero), distancias cortas, mecanismos de salida, y un entorno que no lo obligue a rifarla cada dos toques.


La Liga Profesional y Proyección se parecen en volumen de pases; los ascensos, en cambio, te muestran otro mundo: menos pases y peor calidad, especialmente cuando el pase tiene intención de progresar.


Hallazgo 5: el pase lateral es “zona segura”; el largo es el territorio donde se paga peaje


Separamos tipos de pase y ahí aparece una verdad universal:


Precisión pase lateral: altísima en todos los niveles

(LP 92,04%, Proyección 90,86%, Federal A 84,15%)


Precisión pase largo: la más baja y la que más castiga el contexto

(LP 54,68%, Nacional 50,28%, B Metro 47,78%, Federal A 48,78%)


En otras palabras: el pase lateral casi siempre sale “limpio”; el pase largo vive en el barro del partido. Y ese barro se espesa cuando: la cancha no ayuda, el control orientado es difícil, la presión llega antes, la disputa aérea y la segunda pelota mandan.


Traducción: el central “sale jugando” cuando el sistema lo sostiene. Si no, el pase largo aparece como herramienta de supervivencia.


En B Metro y Federal A, a pesar de ser la misma categoría formal, las exigencias son distintas. El dato fino de tu contexto es clave: B Metro y Federal A comparten escalón, pero no siempre comparten condiciones.


En el promedio, sus números son muy cercanos, pero el Federal A suele tener un factor diferencial difícil de medir sólo con estadísticas: variabilidad (viajes, superficies, climas, ritmos). Eso tiende a elevar la incertidumbre de cada acción: el pique es distinto, el bote cambia, el control se encarece. En Argentina parece que a veces el cambio de categoría no es solo jerarquía, es geografía.


Ahora bien, ¿Qué nos dice todo esto sobre el “central argentino”? No es un personaje aislado. Es una pieza que siempre revela el equipo que lo rodea.


La defensa no cambia tanto en eficacia; cambia en volumen y exposición. El juego con pelota es el verdadero marcador de categoría y el pase largo es el gesto más castigado por el contexto y, por eso, el más diferencial cuando sale bien.


La Liga Proyección (Sub 23) se parece a Primera en intención y volumen de pase, pero no necesariamente en dureza competitiva aunque el nivel ha crecido significativamente en los últimos años.


Para quienes hacemos scouting es importante saber que este tipo de comparativa sirve mucho, pero tiene una condición: no debe usarse para sentenciar jugadores, sino para entender el tablero donde juegan.


Un central de Primera Nacional con pocos pases puede no ser “malo con la pelota”; puede estar en un equipo que no construye. Y un central de Liga Profesional con 80% de precisión no es automáticamente “salida limpia”; puede estar apoyándose demasiado en pases seguros. La investigación abre una puerta: debemos preguntar mejor.


La temporada terminó, los promedios quedan y en ellos hay una radiografía del fútbol argentino: un país donde el central, según el lugar, puede ser bombero, cirujano o ambos en el mismo partido.


Dannwolf Calvin


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